Opinión sobre Los Tres Mosqueteros

Lo primero que me molesta es la forma en que los hombres convierten el honor en excusa permanente para la violencia. Se baten por orgullo, por miradas, por palabras malinterpretadas. La impulsividad masculina no solo es celebrada, sino idealizada. La agresividad se presenta como virtud, como prueba de virilidad. Me parecería inquietante que el heroísmo esté tan ligado al deseo constante de pelear.

Pero lo que más me incomoda es la representación de las mujeres. Constanza es casi un objeto narrativo: es amada, protegida, deseada, pero rara vez es agente plena de su destino. La reina Ana vive atrapada en intrigas masculinas donde su honor depende de que otros hombres —amantes o guerreros— la salven. Y Milady, que sí posee inteligencia, autonomía y capacidad estratégica, es convertida en monstruo moral. Su sexualidad, su ambición y su astucia no son admiradas, sino castigadas con brutalidad. La única mujer verdaderamente poderosa termina ejecutada por un tribunal improvisado de hombres que deciden que su justicia es superior a la ley.

También me parecería ofensiva la manera en que los hombres hablan de las mujeres entre ellos: como conquistas, como trofeos, como oportunidades económicas o sociales. El cortejo es manipulación; el matrimonio, estrategia; la fidelidad, opcional. Las mujeres parecen existir para alimentar la épica masculina o para ser el obstáculo seductor que amenaza su honor. Incluso el tono humorístico con el que se narran ciertas conductas me sonaría a normalización del desprecio.

Entiendo que el libro pertenece al siglo XIX y retrata el XVII, y que sería injusto exigirle sensibilidad contemporánea. Pero me cuesta separar la aventura del trasfondo cultural que romantiza dinámicas de poder desiguales.




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